Bordadoras Singer
Las bordadoras Singer suelen llamar mucho la atención porque es una marca de toda la vida. Casi todo el mundo la conoce por las máquinas de coser, y cuando ves que también tiene bordadoras, es normal pensar: “esto tiene que ir bien”.
Y a ver, no son malas máquinas, pero hay que tener claro qué ofrecen y para quién están pensadas.
Cuando hablamos de una máquina bordadora Singer, hablamos sobre todo de modelos domésticos, pensados para empezar, hacer bordados sencillos y personalizar cosas en casa sin liarse demasiado.
¿Por qué elegir una bordadora Singer?
Hay varias razones por las que mucha gente acaba mirando Singer como primera bordadora:
- Es una marca conocida y transmite cierta confianza
- Son máquinas pensadas para uso doméstico, no profesional
- Suelen ser bastante sencillas de manejar
- Vienen con diseños y letras básicas para empezar a bordar
- No necesitas saber de programas ni de picaje para comenzar
- Normalmente tienen un precio más contenido que otras marcas más especializadas
Ahora bien, siendo claros: las bordadoras Singer no están pensadas para producir mucho ni para trabajos exigentes. Van bien para aprender, para hacer regalitos personalizados, ropa infantil, algún encargo puntual o simplemente para trastear y cogerle el gusto al bordado.
Si buscas una bordadora para casa, para ir poco a poco y sin grandes pretensiones, Singer puede encajar. Si ya tienes claro que quieres algo más serio o que no se te quede corta en poco tiempo, entonces quizá convenga mirar otras marcas más centradas en bordado.
Las mejores máquians de bordar Singer
Mi opinión sobre las Bordadoras Singer
Mi primera bordadora fue la Singer EM200 Quantum Stylist, así que con Singer hablo desde la experiencia, no desde la ficha técnica.
En general, me parece una buena máquina. A mí me gustó y durante el tiempo que la tuve me dio buen resultado. Es una bordadora doméstica pensada para empezar, aprender y trabajar sin demasiadas complicaciones, y en ese sentido cumple.
Ahora bien, siendo totalmente sincera: se atascaba más de lo que a mí me habría gustado. No era algo constante, pero sí lo suficiente como para notarlo, sobre todo cuando vas ganando experiencia y te vuelves más exigente con el flujo de trabajo. Aun así, ajustando bien telas, estabilizadores y teniendo un poco de paciencia, los resultados eran buenos.
Si hablamos de negocio, en mi caso fue muy rentable. La compré, la usé, la rentabilicé en poco más de un año y, cuando decidí dar el salto a otra máquina, la revendí prácticamente al mismo precio que me costó. Así que, en números, poco más se le puede pedir.


